La música mucho más que un alivio en el confinamiento

Muchas personas relacionadas con el mundo de la música, han aliviado, con su trabajo altruista, el confinamiento provocado por la pandemia del COVID-19. No sólo voces o instrumentos conocidos a través de formatos digitales, sino personas anónimas que, desde sus ventanas y balcones, han puesto su talento al servicio de vecinos y vecinas.

Uno de estos casos es el de Vicent Llinares, que, con su dulzaina, ha entretenido la calle Montesa del barrio de Patraix en Valencia, durante más de 60 días.

Tras los aplausos diarios de las 8 de la tarde dirigidos a los profesionales de la sanidad pública, ha dedicado, puntual, un concierto con su dulzaina a los y las integrantes de la calle.

Vicent tocando la dulzaina en el concierto diario desde su balcón

Vicent comenzó a tocar la dulzaina a los 16 años atraído por el sonido de la misma. Tras un periodo de pausa de unos 20 años de inactividad, volvió a tener tiempo para disfrutar del instrumento. “Es como montar en bici, no se olvida”, comenta. Actualmente toca en tres agrupaciones de la comunidad de Valencia, teniendo su principal actividad en Gandía.

Siguiendo el ejemplo de otros compañeros de profesión y afición, el pasado día 17 de marzo, comenzó con los conciertos diarios. Combina su teletrabajo como periodista, con la preparación del repertorio de partituras. Como ya viene siendo costumbre, una hora antes de las 8, elige los temas del día que previamente ha recopilado. Su repertorio habitual son canciones populares, por lo que ha tenido que hacer un trabajo de investigación para encontrar partituras de otra temática, pidiendo a amigos y conocidos que se las hicieran llegar. Entre éstas, es muy popular la temática infantil con canciones típicas de la infancia de antes.

Su contribución al vecindario no sólo ha sido la música, sino que ha ido mucho más allá. Debido a su función como redactor de la cabalgata de reyes de TVE, se le ocurrió proponer un concurso de dibujos para los más pequeños de la calle. Éstos deben dibujar una corona de rey mago, y llevarla a la frutería del barrio regentada por Jordi. Allí a cambio de su dibujo, reciben una placa con la cara de un rey (placas cedidas por el propio Vicent).

En parte de sus conciertos, una de las canciones más repetidas es la de cumpleaños feliz. Varios vecinas y vecinas han creado un grupo de Facebook, a través del cual, le hacen llegar la información sobre los cumpleaños de sus, ya habituales, espectadores; por lo que, buena parte del vecindario ha tenido, en su día, la felicitación y los aplausos de toda la calle.

Desde que se mudaron a este piso hace año y medio, sólo conocían a la gente del propio bloque, pero hoy, gracias a su labor diaria, saben los nombres de todas las personas que salen a las ventanas y balcones para escucharle. Esta relación cercana, que han establecido durante el confinamiento, le recuerda a la vida de su pueblo de origen, lo cual le anima a continuar con los conciertos, y la labor de grabación y edición de los videos donde inmortaliza los mismos. Todos los días sube a su cuenta de Facebook el video correspondiente con una pequeña reflexión. Estos videos no podría hacerlos sin la ayuda de Begoña (llevan casados desde lo 20 años) que, además de hacer de relaciones públicas de la calle y animar el vecindario, es la encargada de grabar, editar los videos, y hacerle soportable el confinamiento. “Sin ella los conciertos del balcón no serían lo mismo”, afirma, motivo por el cual, el 16 de mayo (a un día de dar por concluidos los conciertos diarios), ha sido el momento elegido para bajar a la calle a despedirse del vecindario, tocando, como de costumbre, su dulzaina. Begoña mañana no podrá estar en el concierto de las 20, y “la salida a la calle no tendría sentido sin ella”, comenta Vicent.

Tras la llegada de la fase 0, y pudiendo salir de casa a partir de las 8 de la tarde, los y las vecinas de Montesa, siguieron esperando en sus ventanas y balcones el concierto diario de Vicent.

Mientras Vicent toca la dulzaina, Begoña graba el concierto, los aplausos, y anima la calle.

Detrás de cada una de las voces e instrumentos que han hecho más fácil el comienzo de la pandemia, hay historias como la de Vicent, que, gracias a su solidaridad y a su música, han hecho mucho más que aliviar el confinamiento.

Hoy hace un mes del último concierto que dieron en la calle, los aplausos y la música se hacen lejanos, pero, a veces, por un segundo, parece que la dulzaina vuelve a sonar.