Fotoperiodismo
El fotoperiodismo es la disciplina del instante decisivo por excelencia: la calle, la manifestación, la asamblea no esperan y no se repiten. Aquí la cámara actúa como testigo directo de los movimientos sociales, capturando la emoción cruda del momento —la rabia, la esperanza, el cansancio, la dignidad— para construir memoria histórica de las luchas por los derechos básicos.
Cada imagen es un documento que, con los años, se convierte en prueba visual de que esa lucha existió.
Mi práctica documental no parte de un punto de vista neutro, porque la neutralidad ante la desigualdad es, en sí misma, una posición política. Fotografío desde una mirada explícitamente transfeminista, antirracista y del colectivo LGTBIQ+, entendiendo que quién sostiene la cámara y desde dónde mira determina qué instantes se consideran decisivos y qué memoria se construye.
Esto significa:
- Priorizar la voz y la dignidad de quienes protagonizan la lucha, evitando la mirada morbosa o victimizante y buscando en cambio la emoción real de la resistencia, el cuidado y la alegría colectiva.
- Cuestionar el archivo histórico dominante, que durante décadas invisibilizó a mujeres, personas racializadas y disidencias sexogenéricas, aportando imágenes que corrijan ese vacío para las generaciones futuras.
- Aplicar esta misma ética también a las artes escénicas, documentando creaciones y cuerpos diversos con el mismo cuidado y respeto que exijo en el trabajo social, porque el escenario también es un espacio donde se disputan las narrativas sobre quién puede ocupar el centro.
- Entender la memoria histórica como una herramienta de justicia: lo que no se fotografía corre el riesgo de no haber existido para la historia oficial. Cada instante decisivo capturado desde esta mirada es una forma de asegurar que estas luchas —feministas, antirracistas, LGTBIQ+— queden inscritas en la memoria colectiva con la complejidad y la emoción con la que realmente se vivieron.